Radioterapia en el cáncer de mama: ¿cuándo se utiliza?
- Dra. Fabiola Flores
- 12 sept
- 2 Min. de lectura
La radioterapia es uno de los tratamientos fundamentales en el manejo del cáncer de mama, junto con la cirugía, la quimioterapia, la terapia hormonal y la inmunoterapia. Utiliza radiación de alta energía (generalmente rayos X o electrones) para destruir células tumorales y reducir el riesgo de que el cáncer reaparezca.
Según la Sociedad Americana del Cáncer (ACS) y la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO), la radioterapia ha demostrado disminuir significativamente las recaídas locales y mejorar la supervivencia global en pacientes con cáncer de mama.

¿En qué casos se utiliza la radioterapia?
La indicación depende del tipo de cirugía realizada, el estadio del tumor y las características del paciente.
1. Tras una cirugía conservadora de mama (tumorectomía o cuadrantectomía)
Es obligatoria en la mayoría de los casos, ya que elimina células cancerígenas microscópicas que pueden quedar.
Se irradia toda la mama y, en algunos casos, un refuerzo (“boost”) en la zona donde estaba el tumor.
2. Tras una mastectomía
No siempre es necesaria, pero se recomienda si:
El tumor mide más de 5 cm.
Hay afectación de ganglios linfáticos axilares.
Existen márgenes quirúrgicos comprometidos (células tumorales en los bordes de la cirugía).
3. Irradiación de ganglios linfáticos regionales
Se aplica en casos de compromiso ganglionar o cuando el riesgo de recaída es alto.
Incluye cadenas linfáticas de la axila, la clavícula o la mamaria interna.
4. Radioterapia paliativa
En enfermedad metastásica, se usa para aliviar síntomas: dolor óseo, compresión medular, lesiones cerebrales o metástasis pulmonares.
No busca curación, pero mejora la calidad de vida.
Tipos de radioterapia en cáncer de mama
Radioterapia externa: la más común, con máquinas llamadas aceleradores lineales.
Radioterapia intraoperatoria (IORT): aplicada durante la cirugía, en casos seleccionados.
Braquiterapia: radiación desde el interior de la mama, poco utilizada y solo en pacientes muy específicos.
Beneficios comprobados
Reduce el riesgo de recidiva local en un 50–70%.
Mejora la supervivencia global en mujeres con afectación ganglionar (según metaanálisis del Early Breast Cancer Trialists’ Collaborative Group).
Permite que la cirugía conservadora sea tan segura como la mastectomía en la mayoría de los casos.
Efectos secundarios
La mayoría son controlables y temporales:
Enrojecimiento e irritación de la piel (como una quemadura leve).
Cansancio o fatiga.
Inflamación o endurecimiento del tejido mamario.
Con el tiempo, posible cambio en la forma o textura de la mama.
Los efectos graves son poco frecuentes gracias a las técnicas modernas de radioterapia, que permiten proteger mejor los órganos vecinos (corazón y pulmones).
Conclusión
La radioterapia en el cáncer de mama es un tratamiento esencial que se utiliza principalmente:
Tras cirugía conservadora, en casi todos los casos.
Después de una mastectomía, cuando hay factores de alto riesgo.
En ganglios linfáticos regionales, si están comprometidos.
En casos metastásicos, con fines paliativos.
En resumen: la radioterapia disminuye el riesgo de recaída, mejora la supervivencia y permite tratamientos quirúrgicos más conservadores, siendo una de las armas más efectivas contra el cáncer de mama.







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